Se ha revelado que la causa del reciente incidente en el que el helicóptero presidencial del mandatario estadounidense Donald Trump, el «Marine One», y un avión comercial de pasajeros se aproximaron de manera anormal se debió a un fallo de comunicación provocado por las obras en el helipuerto de la Casa Blanca.

Según informó Associated Press (AP) el día 27, la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) anunció a través de un informe de investigación preliminar que las obras de construcción del nuevo helipuerto en la Casa Blanca fueron la causa principal de la interferencia en las comunicaciones por radio del Marine One.

Como resultado de la investigación, el punto de despegue y aterrizaje del Marine One se trasladó temporalmente de su ubicación habitual al parque The Ellipse, al sur de la Casa Blanca, debido a las obras del helipuerto en la parte trasera de la residencia presidencial. Sin embargo, durante este proceso surgió un problema por el cual las señales de radio entre el Marine One y el receptor de radio del cercano Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de Washington no se transmitieron correctamente.

Debido a esto, el pasado día 4, el piloto del Marine One envió una notificación previa a la torre de control del aeropuerto indicando que faltaban «3 minutos para el despegue», pero el aviso no llegó a los controladores. Al desconocer el despegue del Marine One, los controladores autorizaron el despegue de un avión de pasajeros de Envoy Air, lo que provocó que ambas aeronaves se aproximaran hasta una distancia horizontal de aproximadamente 1,3 km y una distancia vertical de unos 215 metros.

La NTSB ha clasificado este incidente como una «pérdida de separación» (Loss of Separation) por no haberse mantenido la distancia de seguridad reglamentaria y continúa con la investigación. No obstante, la Administración Federal de Aviación (FAA) aclaró que las dos aeronaves no volaban en trayectoria de colisión, por lo que no se trató de una situación de riesgo inminente de choque directo.

Sin embargo, se señala que este suceso infringió las normas de seguridad reforzadas sobre el mantenimiento de distancia entre los helicópteros de transporte presidencial y los aviones comerciales, establecidas tras el accidente de colisión entre un helicóptero Black Hawk del Ejército de EE. UU. y un avión comercial cerca del aeropuerto Reagan en enero del año pasado (67 muertos).

La NTSB señaló que una semana antes del incidente ya se habían debatido problemas de comunicación entre los controladores y el piloto del Marine One, e incluso se había preparado un plan de contingencia para retransmitir el aviso de despegue a través de un tercero en caso de fallos de comunicación en el futuro; sin embargo, esta medida tampoco funcionó el día del suceso.

Tras el incidente, la FAA confirmó la presencia de obstáculos que bloqueaban las ondas de radio entre el punto de despegue provisional y el receptor existente, y trasladó dicho receptor desde una zona residencial cercana hasta la parte superior de la torre de control del aeropuerto Reagan. Las pruebas de comunicación realizadas posteriormente confirmaron que las transmisiones se llevaban a cabo con normalidad.